Felipe González dijo que habría llegado a ser ministro del Interior, pero una laboriosa y meritoria investigación periodística lo llevó a sentarse en el banquillo de los acusados hoy hace 9 años. En 1998 este experto en el arte de la mentira fue condenado a 28 años de cárcel.
01 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.«El patrimonio de Roldán se incrementó en 400 millones desde que es jefe de la Guardia Civil». Este titular a cuatro columnas aparecido en la primera página de Diario 16 el 23 de noviembre de 1993 significó el principio del fin de Luis Roldán, cuya irresistible ascensión había sido una continua fuga hacia delante. Lo negó todo y cargó, muy ofendido, contra los periodistas que laboriosamente habían husmeado en los registros para averiguar lo que se comprobaría más tarde era apenas la punta del iceberg de su abultado patrimonio. Sorprendente para un alto cargo que cobraba, según el periódico, 600.000 pesetas brutas al mes. Pero sólo diez días después presentaba su dimisión como director general de la Benemérita. No era, ni mucho menos la primera mentira que contaba Luis Roldán Ibáñez, porque toda su carrera se cimentó en el engaño y el disimulo. Nacido en Zaragoza en 1943, hijo de un humilde taxista que trabajaba 14 horas al día, cursó estudios de bachillerato. A los 18 años entró a trabajar en una metalistería; vestía mono y llevaba un pequeño reloj. Su trabajo consistía en cronometrar el tiempo que costaba hacer cada pieza, lo que le valió el apodo de el Relojero. Llegó a ser un jefe de taller duro con los obreros. Sin embargo, Roldán pensó que su trayectoria era poco bagaje para hacer carrera en la política, que había iniciado al ingresar en el PSOE en 1976, un año después de la muerte de Franco. En el 77 ya estaba en la ejecutiva de Zaragoza y tres años más tarde era teniente de alcalde del Ayuntamiento. Cuando en 1982 fue nombrado delegado del Gobierno en Navarra no dudó en incluir en su currículum que era ingeniero y licenciado en Ciencias Empresariales. Cuatro años después, cuando pasó a dirigir la Guardia Civil, añadió que tenía un máster en economía. La suerte de Roldán, el hombre que según González habría llegado a ser ministro del Interior, cambió súbitamente aquel 23 de noviembre de 1993. Su vida hecha de mentiras saltó por los aires. Tras dimitir, y ya irremediablemente contra la cuerdas, el 25 de abril de 1994 protagonizó una espectacular fuga. Se refugió en París. Cuando el entonces ministro del Interior, Antoni Asunción, lo llamó para recordarle que tenía una cita en el juzgado, Roldán volvió a mentir: «Allí estaré», le dijo. Pero no tenía intención de hacerlo. El ministro tuvo que dimitir. Detenido tras 10 meses de fuga en el aeropuerto de Bangkok el 27 de febrero de 1995, el 2 de junio del 97 se sentó en el banquillo de los acusados para responder por malversación de caudales públicos, estafa, prevaricación, cohecho, falsedad y delitos contra Hacienda. Bien trajeado, delgado y con buen aspecto físico, Roldán se mostró aparentemente tranquilo durante su interrogatorio. Su supuesta falta de memoria le impidió explicar con qué ingresos adquirió doce pisos y chalés en tan sólo tres años. Sobre todo porque reconoció que ganaba un sueldo de entre nueve y once millones de pesetas brutas al año más un millón al mes en concepto de gastos de representación. Llamó especialmente la atención que se refiriera a un piso de 255 metros cuadrados que poseía en París como un «pequeño apartamento». La sentencia del 26 de febrero del 98 no dejaba lugar a dudas: desde que fue nombrado al frente de la Guardia Civil hasta su cese (1986-93) «desarrolló una incesante actividad delictiva amparado en su cargo público, con la finalidad de enriquecerse ilícitamente».