La valla del morbo

La Voz

OPINIÓN

LUÍS VENTOSO

29 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EN el verano del 2004, Rocío Jurado, que entonces tenía 60 años, anunció que padecía un cáncer de páncreas. Es sabido que se trata de una enfermedad muy agresiva, hoy incurable, salvo en casos de diagnóstico extraordinariamente precoz. Lo usual es que los pacientes fallezcan en menos de dos años. La cantante, que tiene dinero y arrojo, se agarró a la esperanza de la clínica Anderson, en Houston. Por desgracia, el tratamiento no la ha podido salvar y ahora atraviesa la fase terminal. ¿Hay elementos noticiosos en la amarga historia médica? Sí: se trata de la número uno en un oficio muy público -la canción popular- y que padezca un mal irreversible es noticia. También es lógico que se informe de los pasos más relevantes. Pero nada justifica la acampada mediática ante a su casa de La Moraleja. Acosando a cada familiar que entra o sale no se obtiene ninguna información de calado. A través del teletipo de agencia se sabe lo mismo que formando parte del velorio del tomate-tomate y la salsa rosa. Este es un drama sin doblez: la enferma ha superado su esperanza de vida y agoniza. No hay más. ¿Hacía falta el circo? Claro que no. Pero si las cadenas lo arman es porque saben que ahí estamos nosotros: una audiencia implacable, hambrienta de morbo y luto.