La boda, la nación y el programa del PP

OPINIÓN

LA BODA de Pepe y Nino es un asunto privado que jamás me hubiese atrevido a comentar. Pero el despliegue informativo montado por el PP, que llevó las fotos de la pareja ourensana a todos los diarios de España, me da ocasión para reflexionar sobre una cuestión importante que va a plantearse tan pronto como empiece a trabajar la comisión de reforma del Estatuto. No tiene nada de extraño que los homosexuales del PP utilicen la reforma matrimonial de Zapatero para normalizar sus relaciones. Pero carece de lógica que el mismo partido que puso tanto empeño en frenar esa reforma utilice toda la parafernalia institucional y mediática para rectificar sus posiciones y ensalzar con los hechos lo que niega con palabras. Lo que viene a significar esta boda, en términos políticos y sociológicos, es que el PP ya da por bueno todo lo que antes consideraba una inmoralidad y un ataque a la familia, y que, lejos de insistir en la famosa vía de la objeción de conciencia -¡vaya ridículo!-, se dispone a llenar de glamur las uniones homosexuales que tanto repugnaba. La situación no tiene nada de nuevo, ya que lo mismo que se hizo en Ourense con las bodas entre homosexuales, se hace ya con el divorcio y el aborto, y se hará muy pronto con la investigación con células madre. Y por eso cabe suponer que, si se entra con tanta prontitud por la vía de hecho, olvidando las prédicas apocalípticas con las que siempre se trata de cerrar el camino al progreso social y científico, tampoco estamos lejos del momento en que, dando por sentado que el Estatut es una ley del Estado, y que tanto los andaluces como los gallegos nos disponemos a exigir lo mismo que Cataluña, veamos al PP defendiendo con ardor el término nación , de igual modo que defienden ahora aquella consideración de nacionalidad que, a decir de Manuel Fraga, iba a acabar con nuestra patria y nuestra historia. Si malo es el relativismo moral y jurídico que viene aplicando el PSOE a todos los principios constitucionales y sociales, peor se me antoja esta ducha finlandesa que tanto le gusta al PP. Porque, mientras el relativismo del PSOE constituye una opción característica, que nos permite mantener y defender nuestras discrepancias, el chaqueteo moral del PP nos lleva a la conclusión de que todo es puro teatro, y que lo que ahora suena a derrumbe moral, a manipulación genética o a catástrofe jurídica, será mañana una boda solemne, o un acto social de cualquier tipo, arropado por la cúpula del partido. Así que, si los militantes populares aceptan mi consejo, deben empezar a gritar ¡Galicia nación! Porque es más elegante hacerlo ahora, y de buen grado, que esperar para después y comerse los discursos.