QUIÉN le dice no a una pera en dulce. El BNG, a través de su coordinador ejecutivo, Francisco Jorquera, ha pedido, siguiendo el ejemplo de la liberación de Rande y A Barcala, que se eliminen los peajes en Galicia o, como mal menor, que se reduzcan los importes. En cualquier caso, plantea que no se puede construir un kilómetro más en Galicia si no es gratis total. La propuesta, así, desnuda, arropada solamente del inmenso populismo que suele caracterizar las iniciativas políticas, es hermosa. ¿Quién dice no? Luego pueden venir los matices, como el formulado por el PP con respecto al caso de A Barcala y Rande. A los de Núñez Feijoo y a cualquier persona normal le parece un dispendio que el compromiso liberador de Pérez Touriño se extienda hasta el 2048, fecha de concesión de la AP-9. Quizá ni tanto ni tan calvo como sugiere el PP, que pretende una reducción de la medida protectora hasta el 2010, cuando se dice que podrá estar la nueva autovía liberada Pontevedra-Vigo, que todo el mundo sabe que, de ser acometida, no será realidad hasta más tarde. A la opción del Bloque le faltan muchos matices. A mí no me parece ni bien ni mal que esa sea la prioridad nacionalista. El tema se complica cuando se pregunta: ¿y a cambio de qué? Cuántas guarderías o escuelas infantiles, cuántas residencias gerontológicas, cuantos centros primarios de salud se dejarán de hacer para construir las autopistas del futuro sin que su uso nos cueste un duro. El Bloque ya debe tener perfectamente determinados los proyectos con financiación pública que no podrán ser llevados a cabo para hacer sus autopistas de ensueño. Habrá que partir de la premisa de que el gratis total suele pagar peaje. Máxime si se trata de realizaciones de la Administración, cuyo dinero no se estira, sino que es el que es: lo dedica a un asunto o a otro, pero no puede atender todo. En definitiva, que me gustaría conocer el otro peaje que nos hará pagar el BNG para que podamos circular sin costes por todas las autopistas del futuro.