EN EL proceso de desalfabetización en que nos encontramos, de hegemonía de la moda o la imagen sobre las ideas, la razón o la verdad, no es de extrañar el caso EGM, en el que, si es cierta la investigación llevada por un grupo de la Cope y autentificada ante notario, todo el tinglado de encuestas en que se basan las mediciones y jerarquía es falso, inventado en su mayor medida. Como decía Guerra, a la realidad no la va reconocer ni la madre que la parió. O también Felipe, el gran Felipe, demiurgo y pionero del proceso de descomposición actual: lo que importa es la opinión publicada, no la opinión pública. Los medios de comunicación tejen y destejen realidades virtuales para deformar y engañar a la opinión pública, pero no como Penélope por lealtad a su amado ausente, sino, en este caso, al servicio del poder y del dinero. La figura del editor de prensa que pensaba que con su periódico ayudaba a formar e informar a la opinión pública, en consonancia con sus propios ideales o su propia concepción del mundo y de ese modo hacía o creía hacer un gran servicio a la sociedad, es ya especie en extinción, sin que ninguna oenegé o sociedad ecologista se preocupe por evitar su desaparición. Ahora, por el contrario, en el presente vale todo, incluido el mundo al revés, existe una amalgama entre negocios de diversas clases, de modo que sin ningún recato políticos defiendan lo suyo: el tinglado económico-financiero al que sirven y que los ha colocado donde están. Y los editores lo mismo publican panfletos separatistas o filoetarras que el Quijote . Lo acaba de decir Cuevas: tal se hace a la catalana. O a la vasca separatista. Pero la expresión de Cuevas es un empobrecimiento del lenguaje. No es la primera vez que escribo que resulta tarea urgente para comprender la España de hoy recuperar en el lenguaje cada vez más pobre de la mohatra cotidiana las hermosas sonoras palabras españolas de nuestro Siglo de Oro que describen todo el vasto y variopinto mundo del hampa y su funcionamiento.