¿NEGOCIAMOS o no negociamos? Cuando los asesinos de ETA anuncien que han puesto fin a esta tortura a la que nos están sometiendo, ¿nos sentamos a hablar o nos mantenemos firmes en nuestros trece y les decimos que allá ellos, que sigan haciendo lo que quieran? Cuando los asesinos de ETA se avengan a entregar las armas, ¿nos damos por enterados o nos hacemos los sordos? Eso es lo primero que tenemos que decidir. Si nos sentamos a negociar o no. Porque en estos días, en los que parece que puede estar próximo el ansiado anuncio etarra, la desorientación y la discordia nuestras van en aumento. Maite Pagazaurtundúa, significativa representante de las víctimas, acaba de oponerse a la negociación y pide que los asesinos sean derrotados. Francisco José Alcaraz, también presidente de la AVT, ha montado una manifestación contra la negociación a la que se han sumado, por aquello de mantener vivo el alboroto, los mismos que se sentaron con los pistoleros. Por eso convendría aclarar, qué es lo que queremos hacer. No es necesario ratificar a cada paso, decir que en el caso de que ETA ponga fin a este absurdo, porque ya se sabe. Pero llegado el momento habrá que tener claro si vamos todos a una contra los etarras o si dispersamos las fuerzas liándonos entre nosotros, que es lo propio en los últimos tiempos. Para regocijo, imaginamos, de los terroristas. Pensar en un fin del terrorismo etarra únicamente por la vía policial es una fantasía. Creer que todo el entorno, que es un montón, va a aceptar sin más la rendición incondicional, es un sueño. Y, la verdad, no estamos para muchos sueños. Porque la realidad es muy cruda. Y si nos equivocamos en la decisión, nuestro error lo pagarán las generaciones venideras. Tengámoslo presente.