AHORA resulta que el sanguinario Henri Parot puede quedarse unos añitos más en prisión. No por el asesinato de 26 inocentes y respetables ciudadanos de este país. No. Parot puede quedarse en prisión por escribirle una carta a sus cofrades de ETA, proponiéndoles la comisión de una serie de atentados. El juez Grande Marlaska anda rebuscando en los cajones a ver si, para respiro de todos nosotros, puede mantenerlo alejado otra temporada más. Los que entendemos más bien poco de argumentaciones jurídicas, de fondos de recurso y de autos de suspensión, la historia del asesino Parot nos parece de ciencia ficción. Porque díganme si es o no ciencia ficción que condenen a alguien por escribir una carta para evitar de salga de entre rejas, después de llevarse por delante a 26 inocentes. La cosa es tan enrevesada que resulta imposible aceptarla. Algo nos está fallando cuando tenemos que recurrir a triquiñuelas para lograr que se imponga el sentido común. Con el agravante de que no es ni la primera ni la decimocuarta ocasión que esto nos ocurre y siempre nos vemos obligados a recurrir a estos juegos malabares. Porque cada cierto tiempo vemos cómo asesinos etarras vuelven a pasear por nuestras calles tras cumplir una mínima condena. Alguno incluso regenta una cristalería en el mismo edificio en el que vive una de sus víctimas y se muere de risa cada vez que se le pregunta si está arrepentido. Así que los parroquianos nos hacemos cruces preguntándonos quién nos ampara ante estos tipejos. Porque, claro que se cumple estrictamente la legalidad. Faltaría más. Y que no se sigue ningún criterio político en las decisiones que se toman para que los asesinos vuelvan a casa. Hasta ahí llegamos. Pero si esta legislación es insuficiente, que la cambien. Que para eso los vestimos de Armani y les pagamos el guateque.