05 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.
LA VIOLENCIA sexista se cobró ayer otra vida, esta vez en Vigo. La agresión no surgió inesperadamente. Las autoridades sabían del riesgo que corría la víctima: el agresor tenía orden de alejamiento de ella, por malos tratos. Como en tantas ocasiones, esta muerte cuestiona frontalmente la eficacia de las medidas legales contra los maltratadores. Mientras la crueldad, unida a la fuerza física, se siga imponiendo sobre la libre voluntad de las personas, algo falla en una sociedad que se cree avanzada. A quienes no entienden más lenguaje que el de la brutalidad habrá que hacerles ver que la ley es la fuerza de los débiles. Si es preciso, en su idioma.