¡Buen año, bateeiros!

| UXÍO LABARTA |

OPINIÓN

ERA PREVISIBLE. Es difícil resistirse al encanto de un décimo aniversario. Luego de dudas y desencuentros, la marea roja del 2005 se coronó como aquella de 1995. En manifestación. La de la Candelaria. Hay otros aniversarios. Hace veinte años nacía la más importante organización económica de los bateeiros: Opmar. Y aunque no lo parezca, casi todo cambió. Hoy se habla de la incidencia de la política en el sector. Demonizándola o pretendiendo con ello diagnosticar la actualidad. Como en tantas cosas, discrepo con tal simplificación. ¿No es necesaria la política? Piénsenlo. Hace veinte años la directiva de aquella organización de productores la dirigían tres personas con tres posiciones políticas bien diferentes, y ahí siguen. Coincidieron en desarrollar un proyecto común. Hace diez años me pronuncié en torno a la «doma y castración del sector mejillonero». Se trabajó desde entonces en proyectos de futuro. Cambió la producción, pero también la organización comercial y la transformación del mejillón. Con oscilaciones, fueron años de mejora. A pesar del Prestige, de las mareas rojas o de la incidencia en los mercados europeos de la producción de países con cultivos en crecimiento. No duden que todos, bateeiros, transformadores, comercializadores, políticos y quienes cabalgan a la vez en más de una de estas categorías, han contribuido a las conmemoraciones que actualmente se celebran. El día después, san Blas, casi todo necesita repensarse. No es sólo que la industria mejillonera sea el eje de la actividad pesquera en las costas de Galicia. Que lo es. Reflexionen sobre su importancia territorial y sobre la generación de renta. Evalúen con frialdad y rigor alternativas y estrategias que puedan paliar los problemas de una industria con tal incidencia en la economía gallega del mar. Sé bien que es inútil recordar lo evidente. Sobre todo cuando tantos han decidido ignorarlo. Con fondos europeos, subvenciones y también sin ellas, será el mercado, y las posiciones y estrategias que ante él se desarrollen, las que marcarán en primer lugar el futuro del mejillón gallego. Los bateeiros siguen teniendo en sus manos este futuro y el suyo propio. Por ahora, pero no siempre. ¡Buen año y buen mercado, bateeiros!