NUESTRA historia comienza hace casi medio siglo. Cuando un día de 1962, Ramón Baglietto le salvó la vida a quien terminaría siendo su asesino: Kandido Azpiazu Beristain. Aquella infausta jornada, la señora Beristain pasó por delante del negocio de Ramón con un niño en brazos y otro de la mano, que se le escapó justo al paso de un camión. La madre echó a correr, por instinto, detrás de su pequeño, y Ramón sólo tuvo tiempo para arrancarle, cogiéndolo en volandas, a su otro hijo de los brazos. En Azcoitia aquellos días se lloró la desgracia del señor Azpiazu, que había perdido, atropellados, a su mujer y a uno de sus hijos. Y se alabó la valentía de Ramón, que a riesgo de su vida, fue capaz de salvar a Kandidito. Dieciocho años después, Ramón Baglietto, que continuaba con su vida de hombre honrado, se había hecho, tras la llegada de la democracia, simpatizante de UCD. Pese a ello, Ramón no había cambiado sus rutinas. Por eso, el día que lo iban a matar, llamó de anochecido a su mujer, Pilar Elías, y le dijo que fuera aviando la cena, que salía para allá. Pero Ramón Baglietto no volvió a ver nunca más ni a Pilar ni a sus dos hijos, pues de camino a casa había vuelto a encontrarse a Kandido Azpiazu, a quien ETA había ordenado quitarle a Ramón la misma vida que Ramón le regalara dieciocho años atrás: el criminal cumplió las órdenes y acribilló a balazos a su víctima. La historia de los Baglietto y los Azpiazu Beristain se confunde entonces, durante más de veinte años, con la de tantos españoles que dentro y fuera del País Vasco quedarían para siempre señalados con la marca sangrienta de ETA militar. El criminal fue detenido, juzgado y condenado. Pilar, la viuda de Ramón, sacó adelante a sus hijos como pudo y para honrar la memoria de su hombre no sólo no se fue de Azcoitia, como querían los etarras, sino que se quedó y acabó siendo concejala del PP. Pero nuestra historia emergerá de nuevo del silencio en el que viven las docenas de miles de víctimas de ETA. Y es que hace dos meses Kandido Azpiazu, ya fuera de prisión, dio otra vuelta de tuerca a la memoria de sus víctimas: con el dinero de la indemnización que debía haberle pagado a Pilar Elías por el asesinato de su esposo, pero que nunca le pago, Azpiazu instaló una cristalería en los bajos de la casa de Pilar. Para frenar la escandalera, los concejales que tiene en Azcoitia el PNV acaban de sacar adelante una moción en favor del derecho de los expresos de ETA a «reorganizar sus vidas». Votó en contra la única concejala del PP: Pilar Elías. Y se abstuvo el único concejal del Partido Socialista. Esa es la historia.