El lechero

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

17 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

OJO: jóvenes los hay mansos y gansos bravos, como los adultos. Algunos son consentidos, porque les consentimos todo. Regalar no es educar. Hay que aprender a decir no, basta. ¿Qué hacen menores a las cuatro de la madrugada en la calle? ¿Y en coma etílico? No pasamos tiempo con nuestros hijos. Miramos para otro lado. No hay referencias. Ni límites. Hacen barra libre en las plazas porque no tienen un euro. Sólo algunos queman contenedores como en un videojuego. El videojuego es bestial, cuando lo que queman es a una mujer en un cajero de Barcelona. No era la pantalla de un ordenador. El vandalismo se contagia como la gripe. Empieza uno y detrás mil: la masa humana. Apenas tienen hermanos. Todo gira alrededor de su ombligo. Son dioses únicos. No saben compartir. Nos llevan al huerto con un poco de cariño, hoy que el cariño es un animal extraño. Nos tragamos sus mentiras. El mejor modo de quererles es al revés: enfrentarse a ellos. Negarles cosas, justos. Duele, pero las heridas se curan cuando escuecen. La democracia, dicen, es estar seguro de que el que llama temprano a casa es el lechero, no tu hijo borracho o la policía para decirte que tu hija está en un hospital. Falta sentidiño: a padres y a hijos. cesar.casal@lavoz.es