Desbaratamientos

EDUARDO CHAMORRO

OPINIÓN

CUANDO el que habla no sabe lo que dice, es imposible que quien lo escucha entienda lo que oye. Eso es así en lo que se refiere al habla, y tal vez no lo sea tanto en lo que se refiera a la comunicación o a lo que Zapatero y sus colaboradores pretendan comunicar cuando abren la boca y producen el vacío en las entendederas de quienes les presten su atención. Quiero decir que es probable, si no seguro, que no saben hablar, y que tengo poderosas reservas en cuanto a que sepan comunicar, si bien puede ocurrir que la cuestión se reduzca a que no sepan o no quieran comunicarse conmigo o con quien se me parezca, dicho sea esto del modo más casual y sin la más mínima acritud ni ánimo de reclamación alguna. Me limito a expresar una opinión antropológica apoyada, esta vez, en la observación de tres ejemplos habidos en menos de setenta y dos horas. Refiriéndose al discurso del general Mena, Zapatero dijo que «precisamente a quien no ha gustado el discurso es a los miembros de las Fuerzas Armadas». ¿Quiere decir que fuera de esa delimitación -tan gratuita por un lado, tan dudosa por el otro--, no ha gustado con precisión, o ha gustado precisamente? ¿Busca el modo de colocar en los civiles o paisanos alguna especie de responsabilidad precisa o que se haya inventado o esté dispuesto a inventarse precisamente el Gobierno del señor Zapatero? Pocas horas después, y al cabo de una reunión, al parecer infructuosa, entre Gobierno y partidos catalanes en torno al proyecto de Estatut, Alfredo Rubalcaba explicaba las dificultades a la prensa diciendo que «es complicado sentar a la gente cuando la gente no se sienta». Fuera de quedarse más ancho que largo, el portavoz Rubalcaba no se explayó en cuanto a las complicaciones de negociar de pie o desfilando o en cuclillas o tumbados. Apenas habían pasado unas horas cuando la vicepresidenta dio por seguro que, respecto al congreso político de Baracaldo, «el Gobierno está a favor de que se cumpla la ley». No faltaría más, señora, que estuviera dispuesto a otra cosa, si bien, de ser así, tampoco dejaría de ser morrocotudo que la vicepresidenta se plantara ante la prensa y dijera algo así como que el Gobierno no está a favor de semejante cumplimiento.