CUANDO el que habla no sabe lo que dice, es imposible que quien lo escucha entienda lo que oye. Eso es así en lo que se refiere al habla, y tal vez no lo sea tanto en lo que se refiera a la comunicación o a lo que Zapatero y sus colaboradores pretendan comunicar cuando abren la boca y producen el vacío en las entendederas de quienes les presten su atención. Quiero decir que es probable, si no seguro, que no saben hablar, y que tengo poderosas reservas en cuanto a que sepan comunicar, si bien puede ocurrir que la cuestión se reduzca a que no sepan o no quieran comunicarse conmigo o con quien se me parezca, dicho sea esto del modo más casual y sin la más mínima acritud ni ánimo de reclamación alguna. Me limito a expresar una opinión antropológica apoyada, esta vez, en la observación de tres ejemplos habidos en menos de setenta y dos horas. Refiriéndose al discurso del general Mena, Zapatero dijo que «precisamente a quien no ha gustado el discurso es a los miembros de las Fuerzas Armadas». ¿Quiere decir que fuera de esa delimitación -tan gratuita por un lado, tan dudosa por el otro--, no ha gustado con precisión, o ha gustado precisamente? ¿Busca el modo de colocar en los civiles o paisanos alguna especie de responsabilidad precisa o que se haya inventado o esté dispuesto a inventarse precisamente el Gobierno del señor Zapatero? Pocas horas después, y al cabo de una reunión, al parecer infructuosa, entre Gobierno y partidos catalanes en torno al proyecto de Estatut, Alfredo Rubalcaba explicaba las dificultades a la prensa diciendo que «es complicado sentar a la gente cuando la gente no se sienta». Fuera de quedarse más ancho que largo, el portavoz Rubalcaba no se explayó en cuanto a las complicaciones de negociar de pie o desfilando o en cuclillas o tumbados. Apenas habían pasado unas horas cuando la vicepresidenta dio por seguro que, respecto al congreso político de Baracaldo, «el Gobierno está a favor de que se cumpla la ley». No faltaría más, señora, que estuviera dispuesto a otra cosa, si bien, de ser así, tampoco dejaría de ser morrocotudo que la vicepresidenta se plantara ante la prensa y dijera algo así como que el Gobierno no está a favor de semejante cumplimiento.