YA NADIE hace apuestas en España sobre cuáles son las ideas de Rodríguez Zapatero. Ni nadie sabe si lo que hoy considera intocable, le parecerá mañana negociable. Ya nadie puede estar seguro de que dice lo que piensa o de que piensa lo que dice. Ni nadie se atreve a predecir que actuará, llegado el caso, como es exigible que lo haga quien desempeña la altísima responsabilidad de la Presidencia del Gobierno. De hecho, su comportamiento de estos días en relación con el congreso de la ilegalizada Batasuna supera todas las barreras de lo hasta ahora imaginable. Proclamaba Manuel Azaña en 1932 que la ley tiene dos caras: «Por una parte es una norma obligatoria para todos los ciudadanos; pero es también un instrumento de Gobierno, y se gobierna con la ley». Es el contraste entre esas dos caras de la ley, tan bien definidas por Azaña, el que hoy nos tienen estupefactos. Y es que, cuando hace unos días se aprobó la ya célebre legislación antitabaco, nadie podía prever que este país iba a dar el espectáculo de respeto a la ley que se ha convertido ya en un mero comportamiento cotidiano. ¿Que no se puede fumar? ¡Pues no se fuma! ¿Qué sentirán hoy los millones de españoles afectados directamente por los mandatos de esa normativa antitabaco (fumadores, hosteleros, comerciantes) cuando contemplan que mientras ellos cumplen la ley a rajatabla, el presidente del Gobierno -¡el presidente del Gobierno!- se muestra impávido ante el flagrante incumplimiento de otra ley, la de partidos, que amparó la ilegalización del frente político de una banda terrorista que ha asesinado a cientos de personas? Pues sentirán lo mismo que sentimos todos los que creemos que las leyes están para cumplirse, y que la primera institución que debe garantizar tal cumplimiento es el Gobierno: una mezcla de indignación y de desmayo. Por eso oír, a estas alturas, al presidente del Gobierno que la ley de partidos restringe los derechos, o al fiscal general nombrado por aquél que hay que demostrar que quien convoca el congreso de Batasuna es Batasuna, resultaría risible si no fuera una tomadura de pelo insufrible que no nos merecemos. Lo que nos merecemos es decencia y claridad. Si Zapatero cree que la ley de partidos debe derogarse, que se ponga a ello en las Cortes, que no le faltarán aliados en el PNV, ERC o el BNG. Y si considera que Batasuna debe actuar como un partido más, que lo diga sin rodeos. Pero no: Zapatero parece estar dispuesto a seguir a pies juntillas lo que el otro día aclaraba a un periodista, cuando le confesaba que «una cosa es lo que se dice y otra es lo que se hace»: en efecto, señor presidente: eso parece.