Un fin de semana con cinco puntos

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

ESTE FIN de semana puede ser una fecha histórica para la política gallega y para la pequeña historia de Galicia también. Me refiero a los previsibles resultados del congreso del Partido Popular de Galicia. Por un lado, la culminación de una transición renovadora que se ha producido de una manera ejemplar y con mucho más orden y racionalidad de lo que determinados acontecimientos precedentes hacían prever, y que deberá culminar con la renovación de las listas para las municipales. Por otro lado, la figura de Núñez Feijoo como líder indiscutible del partido, liderazgo que deberá revalidar en su momento en las urnas, pero indudablemente el camino no podía ser mejor. En tercer lugar, la figura del nuevo líder está adquiriendo una relevancia ante el futuro que hasta ahora era difícil de predecir, ya que la excesiva radicalización y confrontación del partido estatal, todavía demasiado atado al aznarismo final, hace resaltar la figura del nuevo líder gallego. Su talante moderado, mentalidad dialogante, competencia profesional y capacidad de gestión y de hacer oposición hacen de él un nuevo líder político que encarna las aspiraciones de muchos ciudadanos que ven con decepcionante preocupación el discurrir errático y arriesgado de la política española. Todo ello aporta a la sucesión gallega un valor incuestionable. Pero hay un cuarto lugar. Se trata de la ejemplar demostración de lealtad al partido y a las instituciones del presidente fundador Manuel Fraga, quien en circunstancias muy difíciles ha sabido hacer frente con dignidad a un cambio de situación y ocupar un segundo lugar en esta fase renovadora, máxime cuando ya anunció que una vez ultimada ésta dejará Galicia, por la que tanto ha hecho, para incorporarse a un estatus político más adecuado a su edad y posición y en donde podrá seguir luchando para que su vieja y renovada idea de convertir la hasta ahora poco útil Cámara Alta en una cámara territorial activa y con una misión estratégica. Son, por tanto, demasiadas cosas como para no ver la trascendencia del acto. Pero hay otra cuestión que no es de menor interés: Galicia volverá a tener oposición en el Parlamento. La transición popular ha favorecido que un maniatado Gobierno socialista y un mediático pero nada operativo BNG hayan podido dejar transcurrir seis meses casi carentes de iniciativas importantes. En las consellerías sectoriales que controlan los nacionalistas poco más se ha hecho que el partido de la selección gallega, que bajo una doble dirección técnica -Arsenio y Vázquez- esconde un dualismo partidista que trasciende incluso en un simple partido de fútbol. Una situación de cogobierno, repleto de asesores y cargos intermedios duplicados, que impunemente puso en escena un esperpento político de lo que podía ser un digno acontecimiento deportivo. Un Gobierno dual, un cogobierno con dos copresidentes, cuyo modelo intentan trasladar a otras instituciones. Por eso hay un quinto punto: la necesidad de provocar una reacción en la coalición gobernante ante una oposición que se muestra necesaria para asegurar el buen gobierno de nuestros intereses y de nuestros dineros: y para hacer frente a un nuevo intento de manipulación partidista que lo impregna todo, precisamente lo que el cambio prometía transformar. Son cinco puntos que justifican la valoración de este fin de semana como una fecha que puede llegar a ser histórica.