NO VAMOS a perder ni un segundo en hablar del caso Mena. No merece la pena y además ya tenemos las opiniones de casi todos, incluidas las que no pedimos. Pero sí merece perder un par de minutos en hacerlo del ministro Bono. El miembro del Gobierno mejor valorado por los españoles; el que más conflictos ha provocado y el que acaba de llevarse por delante, en cuestión de minutos, a tres altos responsables militares. Porque tiene razón Rajoy cuando dice que «no es normal que en 72 horas haya tres altos responsables de Defensa sancionados». Claro que no es normal. Pero tratándose del ministro Bono vamos a tener que verlo con la serenidad con la que vemos todas y cada una de sus actuaciones. Porque Bono no es un ministro cualquiera. Es un ministro que maneja con una habilidad envidiable el populismo, que ha conseguido ser autónomo y que los intereses generales del país no parecen ser una de sus grandes preocupaciones. Los ceses de los tres altos militares, Mena Aguado, el que utilizó un Hércules para trasladar camareros y el director de la Academia del Aire, revelan que, al frente de Defensa, Bono está cometiendo graves errores que acaban desembocando en esta situación, no exenta de tensión y un tanto sorprendente. No debía de sorprendernos, después de ver cómo el ministro se autoconcedió una medalla, el mismo ministro tomó posturas personales diferentes a las del Gobierno al que pertenece; el mismo ministro hizo declaraciones contradiciendo a otros compañeros y el mismo ministro, en definitiva, es una permanente contradicción. Un desconcierto. Bono ha cesado a tres altos mandos militares amparándose en la pérdida de confianza. Está en su pleno derecho, porque para eso lo han colocado donde lo han colocado. Pero sería interesante saber qué hacemos los que también perdimos, hace ya tiempo, la confianza en él.