Debate de dependencias

| UXÍO LABARTA |

OPINIÓN

COMO les pasa a ustedes en las páginas de Opinión, uno también encuentra artículos o libros que se asientan en la vida y acompañan. Uno de ellos fue un análisis-manifiesto de una veintena de mujeres que encabezaba la ginecóloga Elena Arnedo. Trataba de quién mantenía la solidaridad y el trabajo social en esta nuestra sociedad del primer mundo. Entremezclaba con veracidad y crudeza la realidad sostenida de las mujeres y de ese hipotético estado del bienestar que paulatinamente queremos alcanzar. Nunca dudé del papel clave de ellas en el soporte cotidiano de nuestro vivir, pero fue aquel análisis el que me señaló cuántas de las cosas cotidianas nos pasan desapercibidas. Y cuántas son clave para que podamos fachendear de las mejoras sociales. Fue un escrito revelador. Tal que aquel libro iniciático de Vázquez Montalbán, Informe sobre la Información, en el lejano año 1971, en un territorio bien distinto. Por ello, aún pecando de ingenuo, deseo que el debate político y social iniciado por el ministro de Trabajo con el anuncio de un plan y/o ley en torno a las personas dependientes sea una respuesta inicial a tan complejo problema. No sólo aquel material, sino el afectivo, de vidas vacías, de soledades y angustias. El de tanta perplejidad como encierra la vejez, la dependencia y los años. El de preguntas inevitables cuando la vida se prolonga fuera de la autonomía propia de los seres humanos. Leyes y planes como el anunciado permiten recobrar el aliento de la política -más allá del populismo o la demagogia- como compañera de ideas y acciones que necesitan ser vindicadas por la sociedad. Uno sabe que esa ley no se resuelve en un día, ni es suficiente pensarla para apenas paliar el problema. Pero sin debate social y político el problema puede continuar pasando desapercibido para el conjunto social y afrontándose desde la soledad familiar o individual. Por ello sorprende que desde la oposición tal anuncio del Gobierno apenas reciba una respuesta burocrática (contar con las autonomías, como si otra cosa fuera posible en este Estado nuestro), en lugar de proponer un plan perfeccionado y completo, tal que aquel que los escasos ocho años de gobierno les impidieron desarrollar. ¿Todos son/somos iguales?