APAGUE el cigarrillo, por favor. Esta vez va en serio. Y lo siento, porque a mí también me gustaba aquella imagen de Bogart afirmando su independencia en una calada más explícita que un discurso de Zapatero. Pero la cosa ya no va de viejas imágenes, sino de nuevos conocimientos médicos, que acreditan los males de algo antaño considerado inocuo. La guerra va en serio, y nada me parece más injusto que convertirlo a usted, fumador, en un contrincante arrinconado o excluido. No le dé esa oportunidad al sistema (que las aprovecha todas, ya sabe, para someternos y volvernos dóciles). Tome usted la iniciativa: ¡ni un cigarro más! Y si no puede hacerlo hoy mismo, respete escrupulosamente (¡porque sí, porque usted quiere!) los lugares en los que no puede fumar. No intente una resistencia estéril y contraria a sus intereses. Sólo lo llevaría a abusar de otras personas que tienen derecho a no ser fumadores pasivos ni víctimas de sus malos humos. No le dé más vueltas: lo mejor es que deje el tabaco. Pero si ha decidido no hacerlo, no se amargue la vida ni se la amargue a los demás. Simplemente respete las normas. Sintiéndolo mucho, esta vez no podría celebrar que se convirtiese en un transgresor. Lo siento. Palabra de ex fumador.