POCO ha cambiado en Banda Aceh, la zona más próxima al epicentro del seísmo que generó las olas gigantes el 26 de diciembre del 2004. Las ruinas pueblan la tierra arrasada y cuatro de cada cinco desplazados viven en tiendas de campaña. ¿Hay avances? Sí, pero muy pocos para la cantidad de dinero enviado (7.000 millones de euros). Para más inri, la ayuda se ha distribuido mal, con el perjuicio que eso representa tanto para las víctimas como para los donantes anónimos, que siempre anhelan que su ayuda, por pequeña que sea, arregle la vida a alguien. La única buena noticia es que ayer sonaron, en honor a los más de 220.000 muertos, las sirenas de un sistema de alerta de tsunami inexistente hace un año en la mayoría de los doce países afectados por el maremoto.