EN LA PLAZA de la Bastilla, tan emblemática como desangelada, Mitterrand recogió la vieja idea de Pierre Boulez y Maurice Béjart y convocó un concurso de arquitectura que ganó el canadiense-uruguayo Carlos Ott. El edificio es de esos que la historia no reconocerá; la acústica está bien resuelta, pero aburre de tanta posmodernidad. La llegada de Gérard Mortier a la dirección de la Ópera Nacional de París ha dado un vuelco, como era de esperar, a la programación del recién bruñido palacio Garnier y del teatro de la Bastilla, y no sólo por la exaltación de lo contemporáneo sino también por la libre interpretación de los clásicos. Pienso que hay que tener más de cincuenta años para sumergirse en el mundo wagneriano. El mejor Wagner quizá sea Tristán e Isolda, obra culminante del gran romanticismo. Llevar a la escena esta pieza maestra de absoluta quietud es siempre un compromiso difícil. La arquitectura escénica operística ha pasado del historicismo a un minimalismo reducido con frecuencia a poco más que una versión concierto, que suele ser preferible a los montajes exuberantes. Pero cuando la escenografía se convierte en intrusa, como sucede en este Tristán con los excepcionales vídeomontajes de Bill Viola, entretiene y llega a distraer del drama. Algo parecido pasa con los arquitectos cuando tienen que actuar en un monumento y no quieren perder la oportunidad de dejar su impronta, interviniendo desmesuradamente para que su nombre quede asociado al del autor. ¡Cuánto vale saber ponerse en el sitio que corresponde! Ya en Compostela, desde la bajada al Pombal se divisa el Auditorio de Galicia. Quedan para la memoria los ciclos sinfónicos de grandes orquestas con Abbado, Barenboim, Celebidache, Giulini, Mehta, Solti... Hoy el menú se reduce en la práctica a la Real Filharmonía, que se supera continuamente y celebrará pronto su décimo aniversario. Los melómanos estamos deseosos de que vuelvan los recitales de solistas y cantantes, la ópera en formato asequible, la música de cámara, y parece que a eso se tiende. En el Pombal también hay ópera. Ópera alternativa en la NASA, Off, una atrayente y vanguardista propuesta de la compañía La Última Rata sobre la palabra y la comunicación no verbal. Valiente trayectoria la de esta sala, como lo ha sido la del teatro Galán, que acaba de cerrar sus puertas tras doce fecundos años de existencia. Una noticia preocupante para una ciudad, mientras en Ferrol se alza el telón del recuperado Jofre, obra póstuma de Rafael Baltar, y marcha con buen pie el auditorio de Ourense, diseñado por Pepe Casabella; edificios cuya arquitectura y acústica no he tenido todavía ocasión de conocer. También se ven con ilusión los futuros auditorios de Lugo y Vigo; éste podrá ser el marco idóneo para un festival como el Are More, que mejora cada año pese a las deficientes condiciones acústicas y ambientales del teatro Fraga, necesitado de una rehabilitación a fondo y urgente. El círculo se cierra en A Coruña, con su gran Sinfónica y el consolidado festival Mozart. Cuando tanto se habla del potencial económico del turismo de calidad, convendría pensar no sólo en puertos deportivos y campos de golf, sino también en la cultura, ese océano donde hay sitio para que todos naveguen, a condición de que las naves -grandes trasatlánticos o pequeños barcos- sean marineras y tengan buen gobierno.