Información en las pagínas de A Fondo SI HUBIERA sido capaz de fumar solo aquellos tres o cuatro cigarrillos que realmente saboreaba cada día, no lo habría dejado. Lo decidí por lo estúpido que me sentía al encontrarme con un pitillo en la mano y no recordar cuando lo había encendido. No fue fácil, pero mereció la pena. Hoy me alegro más que nunca y empiezo a sentir una cierta solidaridad con los fumadores, por el calvario que les espera. Recorrer largas distancias para echarse un pitillo a toda prisa a la intemperie, congelado o empapado, o tener que comer o tomarse una copa en una especie de gueto para apestados. Millones de no fumadores lo agradecerán y será positivo también para la salud de los que fuman. Pero no deja de ser una cabronada, como ayer dijo Labordeta. Anímense a dejarlo.