El hartazgo de Zapatero

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

NO SON «las presiones y chantajes del PP» lo que está alejando a José Luis Rodríguez Zapatero de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), como sostiene el secretario general de esta formación política, Joan Puigcercós. No. Son las bravatas y dislates de Carod-Rovira y compañía los que están echando para atrás al presidente del Gobierno. Porque casi no hay fecha en que los de ERC no hagan una de las suyas. Un día se encadenan ante la sede de la Cope pidiendo su erradicación de la faz de la tierra, otro día reclaman que el Rey pida perdón por el franquismo, otro (o el mismo) se dedican a arrancar páginas de la Constitución, y casi todas las demás jornadas del año amenazan a Zapatero con retirarle su apoyo parlamentario y condenarlo a anticipar elecciones. Una sucesión de despropósitos, chulerías y fantochadas que sólo pueden servir para inspirar una obra teatral de Albert Boadella con Carod de disparatado Ubú. La realidad es que a ERC le preocupa ahora CiU. Dicho más con claridad: la oferta de Artur Mas (CiU) de prestarse a apoyar al PSOE en el Gobierno ha despertado toda clase de recelos y suspicacias entre los independentistas republicanos. Porque CiU es una formación política sólidamente enraizada en la sociedad catalana, mientras que ERC todavía no sabe cuantos de sus votos se los debe al monolitismo aznarista y son, por lo tanto, votos prestados. Por eso ERC extrema su caricatura y grita que viene el lobo-PP. Quiere alejar a CiU del PSOE. Y quiere cortarle la retirada a Zapatero diciendo que, si llegase a pactar con los convergentes, se estaría escorando hacia la derecha ¡por las presiones y chantajes del PP! No hace falta tener una visión política muy fina para seguir la trayectoria argumental de ERC. Sus líderes saben que «las presiones y chantajes del PP» no sólo no perjudican el acuerdo PSOE-ERC sino que lo fortalecen. Quien lo debilita es ERC con sus continuas mascaradas, y CiU con su seriedad. Ha dicho Puigcercós que «lo que cuenta es lo que hemos votado». Pero no es así. Cuenta lo que se ha votado, pero también lo que se ha dicho o hecho mientras se ha votado. Por ello, el hartazgo de Zapatero está justificado y debería tener consecuencias.