La otra negritud

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

NO ME REFIERO a la que glosaba Luis María Anson en uno de sus libros más importantes, sino a la que se está extendiendo por España. La mancha negra de la desconfianza, la violencia y el odio. La ignorancia, la hipocresía y la ambición campan a sus anchas. Estas pasiones dominan el alma de quienes matan su maestría. Como situaciones ya se encontraban patentes en el País Vasco y larvadas en Cataluña y, quizás, Galicia; ahora están extendiéndose a toda España. El Parlamento español, que, con todos sus defectos, que son muchos, ha sido teatro de horas de gloria en las que han intervenido personajes de la altura política, moral e intelectual de Cánovas, Castelar, Pi y Margall, León y Castillo, Canalejas, Maura, Alba, Moret, Lerroux, Ortega o Azaña, se está pareciendo cada vez más a la escandalosa asamblea vasca. Con los batasunos catalanes de camisas negras insultando y protegiendo la nueva kale borroka en sus razias madrileñas y haciendo ostentación de prepotencia y de la chulería con la que tienen sometido al Gobierno de Rodríguez. Claro que aún no se ha amenazado de muerte como a Calvo Sotelo en el 36, pero nos tememos que eso también puede llegar pronto. El hecho de que la maltratada Constitución, víctima de la violencia doméstica de los que la chulean cuando deberían defenderla, sólo sea apoyada y celebrada ahora por un único partido político mayoritario, tampoco inspira mucha confianza en el futuro. Si la investigación sobre el 11-M aparece oficialmente estancada entre un mar de sospechas terribles, ahora lo que probablemente sea un simple accidente de helicóptero, producto de la improvisación, la imprudencia o el azar, está empezando también a levantar sospechas. Unos misteriosos puntos negros, una especie de pequeños ovnis, pudieran haber sido la causa del siniestro. Es preciso investigar hasta el final las causas del accidente antes de que la tenebrosa negritud termine oscureciendo nuestras esperanzas.