NINGÚN buen proyecto se concibe contra otra gran obra. Es una máxima dictada por el reloj de la cordura. A la castigada esquina gallega le ha llegado el tiempo de completar sus más preciadas infraestructuras. Es ahora cuando puertos, aeropuertos y ferrocarriles tienen que vestirse para el futuro. Como preconizó Jacques Delors hace casi veinte años, en esta insigne página de la historia las ciudades son las grandes protagonistas. Acurrucados en nuestra Baviera europea, ningún error se pagaría tan caro en este instante como volver a caer en localismos vanos. Vigo, A Coruña, Santiago o Ferrol necesitan completar sus equipamientos con energía, presupuesto, voluntad política... y sin rencores. Lo necesitan nuestras ciudades, porque Galicia lo demanda. Así lo dicta la cordura.