ESTA VEZ el presidente Touriño no ha perdido el viaje a Bruselas. Regresó con 275 millones de euros en la cartera para destinar a la construcción del puerto exterior de punta Langosteira, que era una de las grandes obsesiones que teníamos los gallegos desde que nos hablaron del Plan Galicia. Así que ya tenemos dinero. Ya tenemos puerto. Ya tenemos el primer objetivo cumplido. Pero ahora no sólo hay que construir el puerto, con sus accesos, sus almacenes, sus muelles, sus grúas, su parque de bomberos y sus terminales, sino que hay que rentabilizar todas estas instalaciones y hacerlas competitivas frente a otras europeas que gozan ya de una larga trayectoria y de un alto reconocimiento dentro del sector marítimo. Si no ha sido sencillo lograr que Europa liberase los 275 millones de euros, y eso que en ello hemos puesto el empeño todos los gallegos, mayor dificultad va a suponer, a partir de ahora, hacer productivo este gran puerto. Y conseguir que, en un plazo razonable, se sitúe entre los de mayor aceptación. Porque entre los muchos retos que tenemos por delante está el de la competitividad. Para poder contender en Europa tendremos que dejar de competir entre nosotros. Para poder hacer frente a las grandes instalaciones portuarias holandesas, alemanas, nórdicas o francesas, habremos de dejar a un lado las batallas localistas. Y saber que sólo remando todos en una misma dirección nuestro puerto tendrá un lugar en el contexto europeo. Así que lo que nos queda por delante no es tarea fácil. Sobre todo porque habremos de romper nada más y nada menos que con nuestra larga tradición como pueblo milenario que somos. Y dejar a un lado escaramuzas pueblerinas y zafarranchos improductivos, tan habituales a lo largo de nuestras vidas. Sólo así el viaje de Touriño a Bruselas habrá sido productivo. A ver si somos capaces.