Información en la página 44 CUALQUIERA que asistiera a la gran manifestación del día 12 en Madrid podía hacerse una idea de que sería muy difícil, por no decir imposible, un pacto entre los convocantes y el Gobierno. Las críticas a la LOE y a Zapatero fueron «a la totalidad», no sobre aspectos concretos ni de la ley ni del presidente. Pese a todo, el talante no podía fallar y el inquilino de la Moncloa aceptó recibir a los discrepantes en un intento de desactivar el éxito de la macromarcha. El acercamiento no se vio con buenos ojos ni desde el PP ni desde la Conferencia Episcopal, por lo que estaba destinado al fracaso, que ayer se consumó de forma abrupta. Zapatero reiteró el miércoles los límites al pacto: no imponer la religión y no marginar a la escuela pública. Los convocantes están en otra cosa.