VISTOS LOS resultados de los informes europeos sobre el mal estado de la educación en España (seguimos en el furgón de cola), sería muy deseable que el PSOE y el PP se tomaran en serio remediar la situación, más allá de los atractivos y rentabilidades de su gresca política. Sus discrepancias sobre la Ley Orgánica de Educación (LOE) deberían encontrar la senda del esfuerzo común y del acuerdo para evitar un fracaso escolar descomunal, que afecta a profesores y a alumnos, y del que son directamente responsables los dos partidos principales por no sentar las bases de una enseñanza eficaz, exigente y rigurosa. Las aulas no se pueden convertir en lugares donde se aparca a los estudiantes con el único fin de sacárselos de en medio y cubrir el expediente. ¡Así nos va! Se trata justamente de lo contrario: de convocarlos a las aulas a fin de formarlos y educarlos para vivir y desarrollarse (también laboralmente) en una sociedad democrática. No hacerlo así es alimentar un autoengaño irresponsable, mientras seguimos construyendo nuestro propio fracaso futuro como comunidad. El rollo ideológico (tantas veces sectario) no debe ser el sepulturero de nuestras mejores expectativas. Sobran experiencias propias y ajenas para acertar. No caben excusas.