LUÍS VENTOSO
14 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.MADONNA publica nuevo disco. A sus 47 años promete inflamar las pistas de baile. Durante unos días será la soberana del planeta clínex. Luego, esta nueva obra maestra del pop contemporáneo viajará rápido al destino de los grandes clásicos de Madonna: el cajón de las series medias. Pero infravalorar a Madonna sería ridículo: en 20 años de carrera ha despachado 162 millones de discos. Con una garganta corta y 164 centímetros de fibra enjuta, la ex arrabalera de Michigan obró un milagro laico. Dicen sus hagiógrafos que lo mejor de Madonna son sus orejas. Entiéndase bien: su capacidad de fagocitar modas subterráneas para leer como nadie el signo de los tiempos. Louise Ciccone, versión heterosexual y aeróbica de Marlene Dietrich, ha logrado mantenerse como fetiche pop durante dos décadas. Es un hito formidable en un negocio de usar y tirar, y acredita la enorme inteligencia mercantil de la artista. Madonna, hábil publicista de sí misma, sabe que la tensión sexual es su motor de ventas. Ahora nos presenta como epítome de la modernidad un pellizco de cacha otoñal bajo una media de rejilla. Y funciona, porque estamos aburridos. Tanto que compramos su grotesca promesa: la vida eterna hecha de Botox , gimnasia y sexo pasteurizado.