El librero de la España peregrina

POR FÉLIX SORIA

OPINIÓN

HABLAR de la Librería Española de París es hablar del exilio, de miles de memorias feraces y de fanáticos y estériles olvidos, y también es hablar de su fundador, Antonio Soriano, que ha muerto esta semana, a los 93 años de edad, en la capital francesa. La Librería Española abrió sus puertas en 1946 en la Rue Mazarine, en el Barrio Latino; pero en 1950 se mudó a la Rue de Seine, donde permaneció abierta hasta hace apenas un año, cuando fue trasladada a la calle Littré. Durante tres decenios, el local de la Rue de Seine fue la embajada en París de «la otra España». Era mucho más que una librería. Allí recalaban antifranquistas de todo tipo, desde cristianodemócratas hasta ácratas. Clientes y amigos de la librería de Soriano han sido o son Goytisolo, García Márquez, Benedetti, Sarduy, Semprún, Blas de Otero, Carrillo y cientos de personas anónimas que confiaban en que la España plural resucitaría. Españoles exiliados o residentes en Barcelona, Gijón, Málaga o Vigo acudían al establecimiento de Soriano en busca de libros y, al tiempo, para sentirse miembros de esa familia humana que confía en que «el saber y la tolerancia son imprescindibles para construir un futuro mejor», como proclamaba Soriano cuando entablaba conversación con los expatriados del 39 o con los jovencitos que en los años setenta íbamos de excursión a París para ver mundo y, de paso, cargar las pilas de la esperanza. Las cenizas de Soriano serán trasladadas la próxima semana a su pueblo natal, Segorbe (Castellón), pero su hija Sonia mantendrá abierta la librería a la que tanto deben los ciudadanos de la España peregrina.