Imaginación

OPINIÓN

¿SE PREGUNTÓ Franco para qué queríamos el Valle de los Caídos? ¿Y si nos gustaba? ¿Se preocupó Lenin de si les apetecía a los soviéticos tropezarse en cada esquina con aquellas enormes estatuas que levantaba? Entonces, ¿por qué tenía que preguntarse Pérez Varela si los gallegos queríamos la Ciudad de la Cultura? ¿Y lo que íbamos a hacer con ella? Este tipo de obras se hacen porque sí. Porque quedan bien. Porque el país las necesita. Y, sobre todo, porque quien las proyecta no tiene que dar explicaciones a nadie. Aquí estábamos todos ilusionados viendo cómo nos levantaban una Ciudad de la Cultura que iba a ser la admiración de todo el mundo, y en esto viene la conselleira Bugallo y no se le ocurre mejor cosa que decir que se va a pensar suspender la obra. Porque se ha disparado el presupuesto, y en vez de 139, llevamos 324 y, de seguir así, llevaremos 500 o 600. Millones de euros, se entiende. Lo que no deja de ser una disculpa, porque, ¿qué son esos euros para un país como el nuestro, que después de 16 años de gobierno popular nada en la abundancia? Lo que tiene que hacer la conselleira Bugallo es echarle imaginación al proyecto, como se la echaba don Manuel, se la echaba Pérez Varela y se la echaba Pita. Que daba gusto verlos cómo defendían la obra. Y si se le echa imaginación veremos que las posibilidades de aprovechar aquello son infinitas. Desde un centro espacial como el que tienen en Florida a un circuito de fórmula 1, una granja de pollos, un hipódromo o un bingo. Cualquier cosa antes de suspender las obras. No por lo que se gaste, que eso es lo de menos en un país opulento como el nuestro, sino para no darles un disgusto a los que tuvieron la genial idea de hacer en Santiago la Ciudad de la Cultura. Estaban tan ilusionados los pobres que no vaya a ser que se nos congestionen.