SOBRE la diversidad de España tenemos pocas dudas. Ya no las teníamos en el pasado (incluso en el final del franquismo la acreditaba sin equívocos el prestigioso Informe FOESSA). Pero en nombre de la diversidad de España no se justifican todos los cambios que introduce el nuevo Estatuto catalán. Así no se representa la diversidad, sino la dispersión y la confrontación. La Ejecutiva del PSOE ha acertado al acordar el lunes enmendar a fondo puntos clave del texto aprobado por el Parlamento de Cataluña. Ignoro si las diferencias entre Zapatero y Rajoy sobre las reformas en curso son tan grandes como ellos mismos pretenden hacernos creer. Más bien me inclino por lo contrario, convencido de que una cosa es el pulso político que mantienen y otra muy distinta su visión esencial del Estado. Los socialistas subrayan siempre que pueden la soledad del PP y contraponen su capacidad de diálogo y de consenso. Desde el PP responden con un cierto numantismo, que ahora parece resultarles favorable. Un representante popular ironizaba hace poco: «Se esfuerzan tanto en echarnos fuera de sus consensos que se están quedando ellos fuera de la mayoría en el apoyo de los votantes». Pero, ¿le será rentable esta estrategia al PP a largo plazo? ¿No sería más prudente que el PSOE y el PP buscasen un acuerdo y que el Estatuto resultante tuviese el apoyo de ambos partidos, como quieren Bono, Belloch, Paco Vázquez, Piqué o Ruiz-Gallardón? Porque ahora ya se entiende algo de lo que pasó en Cataluña. Se entiende el interés a corto plazo -ahora todo es a corto plazo- de Artur Mas por acentuar y hacer visibles las contradicciones del tripartito. Se comprende el deseo de ERC de no verse desbordada por los nacionalistas. Se entiende -con gran dificultad- que Maragall se subiese a la parra de CiU para lograr un acuerdo que evitase un adelanto electoral. ¿Y acaso no se entiende que el impulso último de Zapatero para que el acuerdo fraguase se debió a su deseo de salvar al tripartito, convencido de que en Madrid sería fácil reconducir el texto? El presidente guarda silencio. Y Artur Mas insiste en que lo que ocurra será responsabilidad del PSOE. Ahí estamos. Con demasiadas espadas en alto.