ESTA VEZ han pifiado los del comité sueco. Le han dado el Nobel de Química a tres químicos (Chauvin, Grubbs, Schrock) por sus aportaciones a la catálisis de reacciones orgánicas. Transferir grupos de átomos de una molécula a otra para obtener gran variedad de productos de máxima utilidad es una nimiedad comparado con lo que tenemos aquí. Deberían de documentarse previamente sobre los logros del sublime químico que campa por sus respetos en esta piel de toro, que pronto se convertirá en zapatos para acomodarse a cada pie autonómico. Primero fue el descubrimiento del neurotransmisor talantina . Aplicado en dosis adecuadas y por profesionales de la política médica, se pretende que consiga potenciar y mantener el talante, sin calificativos. Su fin último es provocar una pandemia de talantera que haga de todos los españoles las personas más sonrientes y felices del mundo. Ahora ha descubierto nada menos que ocho fórmulas mágicas (gran alquímico) y, dado su potencial creativo, la cosa no va a quedar ahí. Seguro que cuando esto se publique la lista de fórmulas se habrá incrementado considerablemente. Eso siíque es hacer virguerías químicas y no las chorradiñas que han conseguido los ahora galardonados con el Nobel de Química. A ese conjunto de fórmulas se le darán, con toda seguridad, nombres derivados de su descubridor: zapaterinos (las que tienen triple enlace o enlace tripartito), zapaterenos (a las que tienen doble enlace o bipartito) y zapateranos a las que sólo tienen enlaces simples o mono. Es una pena que no exista en la actualidad un filósofo de la categoría de Nietzsche o un músico como Richard Strauss para que le pusiesen letra y música, respectivamente, a la obra Así hablaba Zapatustra , gran (al)químico y estadista. Lo de Zaratustra quedaría a la altura del betún.