Un sarcasmo con forma de Constitución

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

LA GUERRA de Irak fue un absoluto fracaso. Lejos de cumplir sus objetivos declarados o encubiertos, la aventura ilegal del trío de las Azores sólo sirvió para empeorar todos los complejos problemas que se dan cita en aquella parte del mundo. Y en vez de librar de la tiranía a unos ciudadanos que comían todos los días, tenían casas para cobijarse y escuelas para educar a sus hijos, los han sumido en un caos de muerte y miseria en la que sólo tienen ventaja las pandillas de delincuentes armados que campan por sus respetos. Con el criminal pretexto de librarnos de unas armas de destrucción masiva que no existían, y con el oculto propósito de controlar las reservas de petróleo y establecer bases militares en la zona estratégica más caliente del mundo, el balance de la agresión ordenada por Bush se resume en este aterrador relatorio: un Estado destruido y entregado en manos de gobiernos títeres; una población sumida en el caos, la miseria y la muerte; una guerra civil no declarada que amenaza con prolongarse por años; un mercado petrolero inestable y con precios incontenibles; la ONU desprestigiada e incapaz de plantear alternativas serias y viables a los conflictos mundiales; las guerras locales más enardecidas e impunes que nunca; los terroristas creciendo como la espuma e infiltrándose en Europa con increíble facilidad; los aspirantes a convertirse en potencias nucleares dispuestos a hacer mangas y capirotes con los controles internacionales; las políticas de seguridad volcadas en los proyectos militares más ineficientes mientras se retrasa el desarrollo de los acuerdos policiales y judiciales que han demostrado realismo y eficacia, y, por si algo faltaba, una terrible ampliación de la fosa que separa y enfrenta a los países pobres con los ricos, que hace más utópica la apuesta por una democracia global. Mientras los grupos de poder se reparten el país y su Estado como un botín de guerra, los iraquíes están llamados hoy a las urnas para refrendar una Constitución que suena a puro sarcasmo. Porque, al no existir condiciones para la elaboración de un texto integrado y pactado, la hoja de ruta que impone los formalismos democráticos sólo sirve para dos cosas que en nada contribuyen a la paz: lavarle la cara a los Estados Unidos, que tratan de redefinir su agresión como una liberación democrática, y consolidar en el poder al grupo de títeres que representa los intereses económicos de la potencia agresora. Con esta nueva Constitución, la guerra de Bush se convierte en un conflicto civil en toda regla. Y eso quiere decir que, sin cambiar en nada los objetivos de la guerra, serán los iraquíes los que pongan los muertos de ambos bandos.