¡Lo nacional, hombre!

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

DESDE hace años asistimos impasibles a la modificación del idioma a través de su uso incorrecto o, como ahora se dice, del políticamente correcto. Con la llegada a las Cortes Generales del proyecto de nuevo Estatuto para Cataluña y su definición como nación en el preámbulo: «La nación catalana ha venido construyéndose en el curso del tiempo¿», y en el artículo 1: «Cataluña es una nación», adquiere toda su dimensión la vieja e insistente estrategia de los independentistas de sustituir el adjetivo nacional por estatal . Es en este sentido en el que incide la última propuesta de CiU para que los organismos nacionales pasen a llamarse estatales, no por relativizar el término, sino para llamar nacional a lo autonómico y desterrar lo nacional de lo que es «perteneciente o relativo a una nación», en este caso y constitucionalmente a la española. La propuesta catalana es el colofón a la política que practicaron los gobiernos de Jordi Pujol, bautizando como orquesta nacional, museo nacional, biblioteca nacional o auditorio nacional a lo que tenía que haber sido autonómico o simplemente museo de Cataluña . La estrategia del uso torticero del lenguaje la hemos sufrido igualmente con ETA, a la que durante demasiados años le hicimos el caldo gordo convirtiendo sus asesinatos y atentados terroristas en operaciones militares y ejecuciones, y a sus integrantes en comandos y luchadores por la libertad. Sólo cuando los dos partidos nacionales mayoritarios; es decir, PSOE y PP, y con ellos los medios de comunicación, se pusieron de acuerdo en luchar también contra ETA en este campo, fue cuando se empezó a ganar la batalla semántica y una buena parte de la otra. Ahora ocurre lo mismo con el independentismo. En este frente, con harta frecuencia escuchamos, leemos y hasta escribimos frases como «en el resto del Estado», «en otras partes del Estado» o similares. Y todo para no pronunciar la palabra España , que ya no es España sino el Estado . Este seguimiento a la estrategia nacionalista no sirve para frenar sus propósitos más lejanosm sino para acelerarlos, porque con el silencio cómplice o la colaboración por miedo o corrección lo que se consigue es invitarlos a que den el siguiente paso, como el de ahora en el Estatuto. Parece más inteligente dejar que ellos denominen a España como quieran y que los que no somos nacionalistas sigamos llamándola como se llama, usando el gentilicio español cuando proceda y denominando nacional a lo que así es y no a lo otro.