ZAPATERO se comprometió en noviembre del 2003 a apoyar el estatuto que votara el Parlamento de Cataluña. Una vez instalado en la Moncloa, añadió un condicionante decisivo: el texto no podìa rebasar la Constitución. Pero quitó importancia al término nación , dando alas a que socialistas como Maragall o Touriño, por no decir los nacionalistas, lo quisieran incluir en sus Estatutos. Ahora ha llegado la hora de la verdad y se ve obligado a recular. Habla de hallar una fórmula que sustituya a la del artículo 1, que define a Cataluña como nación. Pero el meollo del asunto es la financiación, que desde su partido le piden que no se apruebe. El reto de ZP es no desairar al PSC ni a sus socios de Gobierno, pero tampoco a un sector muy importante del PSOE y de su electorado. Casi imposible.