Bush no ayuda

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

05 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

UNA COSA es que el presidente Bush acumule sobre sus actos la pesada carga de su incompetencia; otra, que su esforzada y elocuente tendencia al amiguismo y protección de sus mentores esté haciendo trizas unas convicciones morales con las que no pierde ocasión de engalanarse; y otra, que Estados Unidos tenga que abandonar Irak, donde, como suele suceder en el escenario bélico en contra de la insurgencia y el terrorismo, los errores son siempre mucho más evidentes que los aciertos, mientras que éstos, los aciertos, casi nunca resultan palmarios, ni siquiera cuando comienzan a dibujarse en el teatro más amplio de los hechos las primeras consecuencias del esfuerzo emprendido, que no es poco ni barato. Una retirada no es, desde luego, una derrota, pero marca una distancia respecto a la victoria, además de representar un indicador del desaliento, de la resolución mermada y de la constancia venida a menos. Una distancia que sería percibida como el cuarteamiento de un proyecto global y de la dimensión que sea menester, en apoyo de la ley y en favor de la seguridad de las personas e instituciones. Son palabras muy mayores, y está claro que pueden suscitar sospechas dentro y fuera de América. Sospechas bastante lógicas. ¿Cómo no sospechar de la potencia hegemónica cuando una catástrofe natural pone en duda la rapidez y eficacia de sus reflejos en tanto que potencia, y cuando algunas de sus decisiones permiten poner en tela de juicio la organización moral de su conciencia hegemónica, e incluso la voluntad de ejercer su hegemonía? Pero la lógica de esas sospechas no sirve a la hora de distinguir a quien pudiera sustituir a Estados Unidos en la defensa de la ley, la seguridad y el libre comercio, cosas que también pueden ponerse en duda y suscitar sospechas en un contexto de corruptelas que abarca desde la Administración de Bush a la Administración de Berlusconi, sin olvidar la de Lula o la de Chirac (dondequiera que se encuentre). Pero no hay otro contexto. La corrupción es rampante y tan versátil o ensimismada como los diversos electorados a la hora de percibir las cosas en el sesgo de las ideologías o bajo el impacto atroz del hecho terrorista. De las ideologías se ha hablado bastante con distinta y casi siempre contradictoria fortuna, pero al terrorismo no parece habérsele puesto la vista encima con el rigor que merece, ni con la idea más sensata de lo que haría a partir de una retirada americana en Irak. ¿Quién se atribuiría el mérito de haber logrado semejante espantada? ¿Quiénes extraerían de ella el ánimo para reiterar sus acciones y el estímulo para ampliar la gama y el escenario de la estrategia terrorista? Son algunas de las cuestiones que suscita la presencia de Joan Baez ante la Casa Blanca pidiendo la retirada de las tropas americanas de Irak. Joan Baez aún se pregunta «dónde se fueron las flores». También se podría preguntar dónde se fueron los dos millones de camboyanos asesinados por los jemeres rojos de Pol Pot a raíz de la retirada americana de Vietnam.