EL PERIÓDICO de ayer venía triste. No nos sitúan en el mapa. Ni realmente -Fomento localizaba el puerto exterior de A Coruña donde no está ni estará- ni metafóricamente: salimos malparados en los presupuestos, que parecen diseñados según la frase evangélica: «Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará incluso aquello que pensaba tener». O algo así. También sirve para ejemplificar lo ocurrido con Fenosa y, en general, con el sector energético. Y para tantas otras cuestiones. Se ve que nos falta pegada, que nos pillan siempre mirando para otro lado, discutiendo acaso si Vigo es más importante que A Coruña, si vale la pena continuar o no el engendro de la Cidade da Cultura o si debemos tener selección gallega y cómo debe llamarse. Andamos escasos de unidad de acción. El viejo minifundismo agrario ha producido un minifundismo mental y político que anteayer, por un instante gozoso, pensamos que moría. Quizá de hecho murió. Quizá hemos aprendido la lección y seremos menos ingenuos en adelante. Quizá nos volvamos capaces de generar entre nosotros la solidaridad que reclamamos de los demás. Quizá dejemos de ir cada uno a su bola.