Explotación

OPINIÓN

ANDABA considerando unas palabras de Magris que me parecían sabias cuando llegó el correo electrónico de un amigo. Las líneas de Magris decían: «Ayudar quiere decir escuchar al otro, seguirle en sus laberintos sin extraviar el propio camino, apoyarle sin debilidad y corregirle sin rencor, identificarse con sus fantasmas sin perder los propios, saber ofrecerle la otra mejilla o darle una bofetada, según los casos». En esto, decía, entró el mensaje de un viejo amigo. Pedía un favor que requiere viajes y varios días fuera. Según leía, iba midiendo mis fuerzas en un «¿puedo o no puedo?», calculando fechas y modos, temiendo que me resultaría imposible. Al final del mensaje, inopinadamente, mencionaba una remuneración, seguida de algo que casi me hiela el alma: «Ya sé que es poco, pero los amigos están para ser explotados». La frase me pareció durísima, quizá porque estaba en otro idioma y resultaba aún más expresiva en su desnuda inmediatez. Enseguida me reí, porque conozco a mi amigo y sus laberintos. Y pensé: pues tiene razón. Los amigos están para ser explotados y para dejarse explotar, que es otra manera de cuidar unos de otros. Sin calcular demasiado. psanchez@udc.es