EL PRESIDENTE Touriño ha ofrecido un pacto por la sanidad gallega. La vicepresidenta De la Vega ha ofertado otro por la educación. El otro presidente, Zapatero, ofrece un pacto cada media hora. El de la sanidad, el del terrorismo, el de las reformas estatutarias, el de política exterior. En fin, que estamos padeciendo una epidemia de pactitis que debe de ser a lo que ha quedado reducido aquello del talante de los socialistas. Entramos irremediablemente en la cultura de la pactomanía. Cuando los gobiernos socialistas se enfrentan a un problema que han de resolver, lo primero que se les ocurre es echar mano de un pacto. Que no es una mala solución para cuestiones decisivas, pero que deben de plantearse únicamente cuando se vea que las otras partes también están interesadas en llegar al acuerdo. Porque ya está resultando indigesta tanta oferta de pacto, tanta componenda, tanto acuerdo y tanto arreglo, sobre todo cuando sabemos de antemano que los otros no están por la labor, por mucho que se les ofrezca. Y que además hacen bien, porque para eso están donde están. Veamos, si no. ¿Cabe alguna posibilidad de acuerdo entre populares y socialistas en el diseño territorial? ¿Y en cómo acabar con el terrorismo en Euskadi? ¿Pueden ponerse de acuerdo las dos fuerzas en la financiación sanitaria? ¿Y en la redacción y aprobación del Estatut catalán? ¿Tienen algo en común sobre éstas y otras cuestiones? Pues entonces, dejémonos de ofrecimientos inútiles y que cada uno se coloque en su sitio. Los populares, ejerciendo la oposición y los socialistas, gobernando. Y que nos dejen de tantas ofertas de pacto que parece que hubiesen llegado las rebajas de enero. De no ser así, tendremos que creer que lo que falta es criterio y capacidad para sacar este país adelante. Y eso no queremos ni pensarlo.