Entre la paz y la «traición a las víctimas»

OPINIÓN

ABANDONAD toda esperanza: ningún miembro del Gobierno, ningún dirigente del PSOE, nadie confirmará la aproximación a ETA. Los ministros, porque, como recordó ayer Cristina Narbona, están sometidos a secreto. Los líderes del partido, porque, como dijo José Blanco, no entran en «especulaciones». Y el resto de la clase política, porque, sencillamente, no sabe de qué va. Lo que está pasando sólo lo conocen Rodríguez Zapatero, Ibarretxe y su círculo de más confianza. Y eso que está pasando tiene un nombre: sondeo para negociar. Y un argumento, como se quiera decir: los presos de la banda. Tal como se podía esperar, la simple posibilidad de contactos ha irritado todavía más a la oposición. Criterio de este cronista, a quien la idea de negociar con terroristas repugna tanto como a cualquiera: pensar que ETA, después de tanto tiempo y tanta sangre, acepta negociar sólo sobre sus presos, es un triunfo del Estado. Supone que la banda armada delega en sus representantes políticos todo lo demás que han defendido desde su primer crimen. ¿Quién no hubiera firmado esto hace algunos años? Para llegar a este desenlace, hizo falta que ETA perdiera toda confianza en el éxito de la violencia. Por tanto, lo más positivo, de momento, es que comienza a ser posible el final de la banda con el único «precio» aceptable: la generosidad del Estado. Ahora bien: a nadie se le oculta el riesgo. Todos hemos aceptado que los autores de crímenes que nos han llenado de indignación, de llanto y de luto deberían "pudrirse en la cárcel". Hemos aceptado también que una forma de luchar contra el terrorismo era cerrar a sus activistas la esperanza de libertad. Nos hemos indignado con la redención de penas de sanguinarios como De Juana Chaos. ¿Vamos a cambiar de convicción? No es fácil, y Zapatero e Ibarretxe lo tienen que saber. Primero, porque los asesinos no lo merecen. Segundo, porque las amnistías están prohibidas en la Constitución. Y tercero, porque la sociedad no aceptará siquiera indultos individualizados. Serían entendidos como traición a las víctimas. ¿Qué cabe, por tanto? Los límites de concesión son estrechos. Cabe lo que dijo el obispo de San Sebastián: una mejora del tratamiento penal. Cabe su acercamiento al País Vasco. Cabe ceder la gestión de prisiones al gobierno vasco, algo previsto en el Estatuto. Y cabe la redención de penas a quienes no tengan las manos manchadas de sangre. Si es eso, creo que se puede hablar. Y aún así, sólo se puede aceptar, sin repulsa extrema, si ETA deja antes las armas. Lo siento, pero es una condición básica. Una simple tregua sería entendida como una trampa, porque eso dicen los antecedentes. Y tenemos muy aprendida esa lección.