El país de la intriga política


POR MUCHO Ibarretxe que venga a Moncloa; por mucho que negocien Maragall y Mas, y por mucha alternativa sanitaria que haya presentado el PP, lo que sigue intrigando en los cenáculos de la Corte es la OPA. Todos hablamos de la OPA como si la entendiéramos. La riada de millones que, Solbes mediante, veremos correr entre Barcelona y Madrid encandila al personal. El juego de poder imaginado, la intriga política, el aroma conspirador y un incierto aire de venganza producen una excitación casi sexual, como corresponde a una operación que uno de sus autores comparó con la colocación de semen. Parece una película de tiburoneo de Wall Street, con un atractivo casero: los tiburones hablan catalán.Ante el espectáculo, hay que hacer una recomendación a los personajes fundamentales de la representación: no hablen. Todo lo que digan será usado en su contra. Que se lo digan al ministro don Pedro Solbes. Ayer declaró que «los argumentos políticos son los que menos han jugado en esta operación», y un sagaz radiofonista tradujo inmediatamente: «o sea, que hubo argumentos políticos». ¡Jo, qué país! Eso de que España es una nación es un eufemismo. Si la unidad nacional depende del lugar en que esté ubicada la sede de una compañía energética, va a tener razón Aznar cuando avisa del peligro de balcanización. Y, sin embargo, toda sospecha política tiene cabida y lógica en este episodio de menos amor que lujo. Los estados de opinión no surgen de la nada, ni estamos rodeados por un enjambre de fabuladores. Es imposible que no haya suspicacias políticas, si se dan todas estas circunstancias: el antecedente de una OPA del mismo Gas Natural sobre Iberdrola, que fue abortada por Aznar para no dar la llave de la energía a Cataluña; un Miquel Iceta, portavoz del PSC, que dice que ahora es posible la OPA porque Zapatero está en la Moncloa y Maragall en la Generalitat; un Eduardo Zaplana, que sabe como se gobierna y califica la operación como «sospechosa»; un ministro Montilla, que representa al PSC en el Gobierno central y será decisivo en el desenlace; unos presidentes de Cajamadrid y de Endesa, los dos perjudicados, que tienen fama de ser más aznaristas que Rajoy; una Comunidad de Madrid, regida por el PP, que perdería unos ingresos de más de 200 millones de euros, que se irían a arcas administradas por el Tripartito¿ Con esos datos en la mano, hay que ser un alma de la caridad para no mezclar la política en el negocio. Pero no liemos más el asunto. Dejémoslo en algo mucho más sencillo: estamos ante el interés económico de una compañía que coincide con los gustos políticos de dos gobiernos. Vista así la historia, quizá sea más realista. Pero reconozco que pierde mucha emoción.

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