Llegó la hora

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

LOS DOS partidos sobre los que se asienta la participación democrática española tienen citas con la construcción del futuro convivencial del país de los ciudadanos. El PP descubre que debe actualizar su mensaje, supongo que está pensando en algo más que los titulares que producen sus voceros ante los medios de comunicación. Sabe que desde el dogmatismo de la defensa del viejo credo aznarista camina solo y no sale del búnker con fieles capaces de aplaudir la confrontación diaria, en una vieja cruzada de la que son maestres de la orden Zaplana y Acebes, quizá para ocultar su responsabilidad en la pérdida de votos que lleva anexa la pérdida progresiva del poder y conduce al aislamiento político, que es lo que decía Piqué cuando se salió de la fila. En Galicia hay que dejar que la democracia entre por las ventanas y se lleve el aire viciado, pero esa labor de higiene la tienen que hacer los gallegos, no vale ungirla desde Madrid, y mucho menos después de perder el poder absoluto. El PSOE tiene dos hechos que impactan en el bloque constitucional de Carta Magna y estatutos de autonomía. Cataluña y sus derechos históricos, Euskadi y su mesa para el diálogo por la paz y la convivencia. Curiosamente, tras formar parte de la Mesa de Ajuria-Enea en la década de los noventa, tengo la sensación de «retroceder para avanzar». Tras Ermua y Lizarra, o el plan Ibarreche, alguien ha descubierto que es necesaria una mesa en la que se sienten todos a platicar sobre el país y el paisanaje. Por cierto, en aquel entonces, la idea fue de los de Euskadiko Ezkerra, recién salidos de ETA-pm. Es muy importante la declaración de Otegi. «Si hay mesa con todos los partidos, ETA dejará de matar». Puede ser el camino, y hay que arriesgarse antes de que en la banda tomen el mando los que están por el fundamentalismo de la guerra, por la Euskal Herria del mito de la costilla de Aitor. Los derechos históricos del nuevo Estatuto catalán son difíciles de aceptar en un Partido que defiende, desde hace más de cien años, solidaridad e igualdad de oportunidades, trasladado al bagaje de la ciudadanía en cualquier punto del Estado. Al final, dos son las cuestiones. Quieren ir de nacionalidades culturales a nación, con todo el poder del Estado, y más dinero, que alguien perderá. Sin que sirva de precedente. Si Cataluña logra dinero para derechos históricos, que antes contribuya a pagar la deuda histórica con Galicia.