Información en la página 7 EL MÍO es un hombre sereno que por una gripe vino a casa. Siempre tiene cola ante su puerta, pero nunca racanea minutos. Y mira a los ojos. En estos tiempos de prisas, mucho más que suficiente para ni plantearse el cambio. Tener que hacerlo por obligación, aunque sea de justicia que los interinos consigan plaza y que los que ya la tengan mejoren, provoca un ataque de inquietud. A todos se les suponen conocimientos, actitud y aptitud. Profesionalidad. Incluso vocación. Muchos de ellos estarán contentos e incluso habrá pacientes que ganen con el cambio. No lo dudo. Pero cientos de miles de gallegos tienen que cambiar de médico por una oposición para consolidar un empleo que, en muchos casos, llevaban quince años ejerciendo. Con nosotros.