TRAS toda una ley integral contra la violencia de género, los crímenes se suceden. Este agosto ha sido especialmente dramático en número de cadáveres y, seguramente, en volumen de terror. Y ante la avalancha de sangre y de vergüenza todo parece poco. Hasta los 600 euros que la Xunta compromete como medida para que una mujer pueda denunciar y saber que no se va a quedar del todo en la calle; una medida más que loable. Pero ya ha habido quejas de los propios magistrados (y magistradas) sobre los juzgados rápidos contra la violencia doméstica, colapsados con denuncias verdaderas y también falsas. Me temo que este salario será también víctima de estafas. Aunque cualquier cosa es mejor que seguir asistiendo a ese lamento perpetuo e insoportable. Lo que sea.