Información en las páginas 25 y 26 LA sombra de Juan Pablo II ha planeado sobre el pontificado de Benedicto XVI desde el momento mismo de su elección. Erigirse en trasunto del pontífice muerto fue una ventaja para Ratzinger a la hora de ser elegido pero puede convertirse en un lastre si el alemán pretende ser algo más que una figura de transición incapaz de re-enfocar los problemas que atenazan al catolicismo. En Colonia, rodeado de jóvenes, en esa mezcla de misa multitudinaria y Woodstock en la que Wojtyla tan bien se movía, Benedicto XVI se la juega. Tras un papado globalizado y retransmitido en directo por televisión, la vocación de retiro que parece exhibir Ratzinger se entendería por parte de muchos fieles como un regreso a las catacumbas. ¿Se lo puede permitir la Iglesia?