LOS ANCIANOS, perdonen que lo diga con esta rotundidad, importan bien poco en nuestra sociedad, pese a las bonitas palabras que pronunciamos de cara a la galería (la hipocresía siempre la hemos practicado admirablemente). La veneración de los viejos como valor social y religioso ha ido desapareciendo gradualmente. La vejez aparece las más de las veces como una carga. Aceptamos con naturalidad los trastornos que el cuidado de un niño pequeño proporciona, a veces incluso le toleramos impertinencias y acciones absolutamente intolerables, pero al anciano dependiente le aplicamos otra vara de medir¿ No queremos a los viejos, y eso que de ellos hemos recibido la vida y buena parte de lo que somos y tenemos. Todo va bien mientras podamos aprovecharnos de ellos (por ejemplo, cuando llevan a nuestro hijo a la guardería), mientras no sean ellos los que demanden atenciones. Somos desagradecidos, ésa es la pura realidad, y muchas veces incluso caemos en la más profunda mezquindad. Nos vamos de vacaciones sin importarnos cómo estará nuestro padre, o visitamos a mamá un par de veces a la semana (eso sí, sólo un cuarto de hora, no vayamos a pecar de generosos) o la invitamos a comer una vez al mes, etcétera. A menudo se tienen noticias sobre ancianos que están viviendo situaciones inhumanas en alguna residencia ilegal o que son encontrados muertos en sus casas después de días de haber fallecido, porque estaban tan solos que nadie se había dado cuenta de su ausencia. ¡Y nos rasgamos las vestiduras hipócritamente! Es más raro saber de ancianos que son maltratados en el seno de su familia, casi siempre por sus hijos. Pero, desgraciadamente, eso sucede, y mucho más a menudo de lo que parece. De hecho, se sabe que el número de personas mayores maltratadas en la familia es similar al de menores víctimas de este mismo maltrato, aunque a ojos de la sociedad existe la creencia de que el maltrato infantil es más frecuente que el de personas mayores. Y no me preocupa tanto el maltrato físico cuanto el psicológico y emocional, que puede ser tanto o más dañino que el otro y tener graves consecuencias, principalmente depresión, ansiedad, miedo, tristeza y confusión. A pesar de la moda, honrar a padre y madre sigue siendo una obligación fundamental: bueno sería que aprovechásemos las vacaciones para hacer examen de conciencia en esta materia.