Felipe VI reconoce que hubo «mucho abuso» durante la conquista de América
SIN QUE nadie haya tomado decisiones estratégicas de carácter esencial, la costa pontevedresa se ha convertido en una de las zonas de mayor atractivo turístico de España, con una fuerte dinámica económica en los sectores de la hostelería, la construcción, los espectáculos y el transporte. El polo de atracción de esta área se sitúa entre Pontevedra y O Grove. Pero cada vez es más evidente que esta actividad se extiende sobre un amplio polígono delimitado por los vértices de Santiago, Pontevedra, Sanxenxo, O Grove y otra vez Santiago. Sobre esta área confluye también una fuerte actividad agraria (es la comarca del albariño y de los pocos cultivos intensivos que hay en Galicia), una importante actividad pesquera y marisquera (entre las rías de Pontevedra y Vilagarcía se acumulan cuatro mil bateas, los más ricos bancos marisqueros, los puertos pesqueros de Marín, Portonovo, O Grove y Cambados, y las más modernas piscifactorías de España). Y por eso se explica que esta importante zona turística sea también una de las áreas de mayor crecimiento demográfico de Galicia. Por si algo faltaba, este paraíso de belleza inigualable limita por el sur con la potentísima ciudad de Vigo, y con sus villas aledañas de la península del Morrazo, hasta configurar un cuadro tan esperanzador como caótico, y tan atractivo como colapsado en todas sus carreteras y servicios. Cada año que pasa se multiplican las casas y los establecimientos hoteleros, sin que nadie planifique las necesidades abiertamente urbanas de tan preciado espacio. Y así, entre atasco y atasco, entre especulación y especulación, y entre minifundio y minifundio, vamos teniendo la sensación de estar matando la gallina de los huevos de oro. Salvo la ciudad de Pontevedra, que se ha convertido en el gran oasis de la zona, todo está a merced de que la Xunta perciba la enorme potencialidad de este territorio y, para evitar su asfixia total, empiece a intervenirlo de forma global y coordinada. En la búsqueda de un modelo en el que se den cita el desarrollo económico, la lucha contra el feísmo y la degradación del territorio, la dotación inteligente de servicios, la defensa de un mundo rural de excepción y la nueva filosofía de la comunicación terrestre, el área delimitada por la costa norte de la ría de Pontevedra y la orilla sur de la ría de Arousa constituye un paradigma de necesidad, de urgencia y de rentabilidad que la nueva Xunta debería asumir como un reto. Porque en algún sitio habrá que demostrar que ha terminado el gobierno por parcheo. Y porque la nueva Galicia tiene que surgir de las intervenciones a gran escala, y no de la preocupante multiplicación de los pactos y las preces.