OCURRIÓ hace diez años y era de origen gallego. Jerry García, el músico que lideró el grupo The Grateful Dead, vanguardia de la psicodelia, murió el 9 de agosto de 1995, a los 53 años, por un ataque al corazón, tras muchos años de experimentar con las drogas y el alcohol. Sus antepasados eran de A Coruña, y el irlandés Paddy Moloney, líder de los Chieftains, ha confesado que, al tocar con él, surgieron en seguida «las cosas en común» que unen la música celta (llamémosle aquí gallego-irlandesa) y algunas de las corrientes que dominaron el folk americano. Ignoro lo gallego que se sintió Jerry García, y tampoco importa demasiado. Sé que nació en California, que se formó en el San Francisco hippie, que triunfó al mezclar blues, rock y folk y que tenía una fuerza portentosa capaz de convertir sus actuaciones en directo en éxitos de masas que trascendían lo musical. Sus fans (en su caso también fanáticos) se llamaban a sí mismos los Deadheads. Su vigor creativo y su capacidad para amalgamar estilos lo convirtieron en el músico más representativo del movimiento psicodélico. Tan cierto como que su muerte significó también el final del grupo. Se pasó con el LSD y la heroína, pero nos dejó una música inolvidable¿ ¡y quién sabe si celta!