EL DOG impone mucho también a quienes escriben en él. No hay motivo, pero por lo poco habitual de la declaración, me ha deslumbrado la sensatez del conselleiro Méndez Romeu, al asegurar que es buena la continuidad de los altos cargos si éstos resultan idóneos. Está claro que Roma no debe pagar traidores ni pelotas, sino funcionarios temporales o de confianza que sepan dar cuenta del recado. Quizá también porque el Diario Oficial de Galicia acongoja a los que escriben en él, y se lo piensan, en la parte que le haya tocado a Anxo Quintana en la redacción del decreto de estructura orgánica de la Xunta, los altos cargos -es decir secretarios generales y directores generales- han bajado de 70 a 65. Lo cual es de agradecer, pero reclama además advertirle que a esa velocidad no va a poder cumplir su promesa de eliminar 1.000 altos cargos xunteiros, compromiso que adquirió a bombo y platillo en la campaña electoral. A este ritmo, al alaricano le harán falta 67 legislaturas para hacer lo que enfáticamente nos dijo que haría. Pero es que el DOG impone mucho. Ya lo ha reconocido Suárez Canal, al anticipar que por ahora la lucha contra incendios será, en lo esencial, como fue hasta ahora, con un par de retoques. Al final, resulta que, sean conselleiros contra incendios o altos funcionarios, los derrotados no eran tan malos como se nos hizo creer. Cierto que quizá menos todavía tan buenos como ellos presumían, y sus acólitos reflejaban, algo que éstos nos venderán ahora de sus nuevos patronos. Lo grave es que ni los populares antes, ni la coalición de socialistas y nacionalistas ahora aprenden lo necesario de estos episodios. No ven en el adversario político un animal racional capaz de hacer propuestas tanto o más sensatas que las suyas, sino una alimaña. Y así se han desarrollado las campañas del Prestige , del Yak 42 , del 11-M, del incendio de Guadalajara, de los maltratos de Roquetas... con propósito de degüello y sin ápice de patriotismo ni de sentido común.