UN DESCANSO conviene, aun entendido como cambio, en las ocupaciones habituales. Agosto impone su ley. Hay un cierto trasunto de curso escolar, no obstante el escalonamiento de las vacaciones. Los Reyes en Mallorca, el presidente del Gobierno en Lanzarote, Manuel Fraga en Perbes. No será, sin embargo, de asueto para todos. La flamante nueva Xunta de Galicia acaba de asomarse al Diario Oficial. En ella figuran nombres previstos en las quinielas y otros que constituyen sorpresa para la mayoría de los ciudadanos. Al frente de varias consellerías estarán personas independientes. Una novedad que es coherente con la voluntad declarada de gobernar para todos los gallegos. Del adversario, que lo fió todo al partido, puede aprenderse. Si en Galicia no habrá solución de continuidad, ya que será necesario desarrollar el organigrama de las consellerías y acertar con despachos y mesas que se estrenan y estudiar expedientes heredados, en el resto del país han quedado pendientes para septiembre algunas asignaturas complejas. Entre ellas, el proyecto de Estatuto de Cataluña. Parece, una vez más, como sucedió en 1931, que la cuestión catalana influye de un modo determinante en el conjunto. De cómo se resuelva dependerá el sesgo de la reconfiguración del Estado de las autonomías. La necesidad de los socialistas de contar con el apoyo de ERC, tanto en la Generalitat como en Madrid, ha conducido a la situación actual de incertidumbre. Tengo la impresión de que la teoría de la España plural, de equivocidad indudable, acudió al auxilio de aquella necesidad particular. No estaba en la tradición socialista, más proclive a la igualdad del federalismo y a subrayar la unidad de España, poco o nada propicia al reconocimiento de unos derechos históricos ahora esgrimidos inteligentemente por los nacionalistas catalanes. En septiembre comprobaremos el desarrollo del culebrón estatutario y, eventualmente, su desenlace y cómo se salva el compromiso del presidente del Gobierno de aceptar en el Congreso de los Diputados lo que apruebe el Parlamento catalán. Podremos comprobar hasta qué punto y de qué manera se compadece el pragmatismo y el idealismo independentista de ERC. Hasta dónde llega su presión que habla, sin rebozo, de una reforma profunda de la Constitución. Los Presupuestos del Estado servirán de elemento de contraste. Por si acaso, la aproximación del PSOE y el PNV puede interpretarse desde la perspectiva de asegurar la correspondiente mayoría para la aprobación de aquéllos. Atrás queda un curso caracterizado, en la vida pública, por la crispación. Entre los recuerdos a retener seleccionaría la impresionante manifestación de afecto y admiración -un plebiscito universal- en la despedida a la egregia figura de Juan Pablo II. Entre los que quisiera olvidar, el ala sombría del terror que sobrevuela de súbito, en un mundo que no acaba de descubrir la paz. Aquí, na nosa terra , nos vamos arrullados por los arpegios presidenciales del Obradoiro, y la institucionalización vicepresidencial de igualdad y bienestar. Es un mes para fiestas patronales, para el cultivo pacífico de lo que descansa. Un alto en lo ordinario. En septiembre lo volveremos a encontrar bajo la luz de su implacable realismo.