NO CABE duda que las últimas elecciones gallegas vinieron a ratificar lo que todo el mundo de a pie sabía de antemano, muy reñidas para conseguir la mayoría absoluta. Galicia, que no ha parado de evolucionar en los últimos años de una manera intensa, ha escuchado en las urnas a sus ciudadanos. Pero siendo esto cierto, no cabe duda, que habrá un antes y un después de Fraga. Un palmarés como el suyo con Galicia es para estar orgullosos. En sus idas y venidas, esta tierra olvidada, que parecía vivir de espaldas al tiempo, se ha modernizado y tomado el pulso a la España moderna integradas en Europa, cuyos pilares básicos son el dinamismo y el progreso efectivo. Sea como fuere, no bastó con ser ganador de las elecciones, tenía que lograr la mayoría y en eso se quedó a las puertas. Ahora es cuando evitando caer en los partidismos lógicos y con generosidad, el arte de lo posible debe salir a relucir haciendo que a una persona con su prestigio, conocimiento y experiencia, Galicia no la deje de lado y, buscando los consensos y lealtad mutua, y con su intachable entrega y honradez, incorporemos la pluralidad en sus múltiples variantes. Además, siendo eclécticos, por qué no ser el «Embajador» de Galicia en el mundo. Creo que su figura e imagen de marca no la debemos desaprovechar. Nadie va a cuidar tanto de la Galicia exterior como él. Lo ha demostrado más que suficientemente. Porque el secreto del pasado es comprender el presente, disfrutemos y pensemos en todos sin dejar de lado el nuevo aire fresco, distinto, que nos llega. Porque existe una manera diferente de hacer las cosas.